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Universidad de Huelva08/03/2010
El historiador Antonio Moliner Prada quizá sea una de las personas que más sabe en España del fenómeno de la juntas durante la Guerra de la Independencia. Autor de La guerrilla en la Guerra de la Independencia y Catalunya contra Napoleón. La guerra del francés, 1808-1814, el profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona impartirá el próximo martes 16 de marzo, durante el VI Congreso Internacional Doceañista `Experiencia y Memoria de la Revolución Española´, la ponencia `Mudanzas en tiempo de guerra 1808-1814. El rescate de la libertad´.
El ponente nos trasladó algunas pistas de lo que formará parte de su conferencia el próximo martes.
¿Desde que punto de vista va a afrontar su ponencia en el VI Congreso Internacional Doceañista Experiencia y Memoria de la Revolución Española?
La ponencia que presento en este Congreso se encuadra dentro de la historia conceptual, el análisis de la idea de la “revolución española” a través de la prensa, manifiestos, reflexiones y testimonios de la época. Entre la prensa de 1808-1809 destaca la Gazeta de Oviedo, órgano oficioso de la Junta Suprema de Gobierno del Principado de Asturias, que contaba entre sus redactores con la figura insigne de Álvaro Flórez Estrada. Y entre los manifiestos se analizan dos principales: “Alerta Españoles” y el de la Junta Central a la nación española, de 26 de octubre de 1808, obra de Manuel José Quintana.
En su presentación menciona la importancia que tuvo en aquellos días el darle un sentido diferente a la palabra Revolución. ¿Podría explicarnos a que se debió esto?
Por “revolución” se entiende la idea de regeneración de la nación, frente al despotismo reinante introducido por Godoy y la ocupación extranjera, es decir, la consecución de la libertad política y civil y la independencia de España. Se trataba de dotar de un nuevo marco jurídico-político a la nación, frente al impuesto de manera arbitraria por la Constitución de Bayona, obra de Napoleón, donde la “soberanía nacional” brillaba por su ausencia. En todo caso la “revolución española” se presenta como un modelo propio, el de la “insurrección” o levantamiento general, alejado del jacobinismo francés, que se asocia con el radicalismo extremo, el regicidio, la persecución contra los clérigos, el terror y la guillotina.
¿A que se debía ese latente interés por diferenciarse de la Revolución Francesa de 1789?
Desde el principio los partidarios de las reformas liberales buscaron su referente y fundamento no en el proceso de la Revolución francesa sino en el pasado histórico de los antiguos reinos medievales que idealizaron. Hecho que obedece a un posicionamiento estratégico, determinado por la situación concreta de 1808, con el fin de demostrar la continuidad institucional. De este modo se afirmaba la voluntad de articular la tradición y la reforma institucional. Era una manera de rechazar la vía revolucionaria “a la francesa”, que no se podía aceptar de ningún modo pues los franceses eran los ocupantes y opresores de España.
¿Podría explicarnos brevemente porqué ha elegido los textos de Lorenzo Calvo de Rozas, Francisco Martínez de la Rosa y Antonio Alcalá Galiano, para el desarrollo de su ponencia?
La figura de Lorenzo Calvo de Rozas es indiscutible en 1808-1810, por su gestión en el primer Sitio de Zaragoza, como miembro de la Junta Suprema de Aragón y como representante del Reino de Aragón en la Junta Central. En su opúsculo ¿Qué es lo que más importa a España? (junio 1808) expone la necesidad de unión entre las provincias contra la tiranía impuesta por Napoleón. Tuvo una actuación destacada en la convocatoria de Cortes y en la idea de dotarse de una Constitución. La Circular para el nombramiento de diputados de las Cortes generales y extraordinarias (noviembre de 1809) expresa fielmente su ideario: la crisis política obliga a la reunión de diputados a Cortes de todas las provincias, como expresión más genuina del pueblo español; los aragoneses deben designar como representantes suyos a hombres libres, ciudadanos con capacidad e instrucción.
Francisco Martínez de la Rosa en sus Reflexiones sobre la revolución actual de España (1810) analiza el proceso revolucionario desde una perspectiva histórica. El Dos de Mayo significó un verdadero “movimiento de insurrección” y evidencia el inicio de la revolución y la manifestación de la voluntad general a favor de la independencia. La lucha contra la ocupación francesa se convierte en una “guerra nacional” que cohesionó a la sociedad. La regeneración nacional partió desde abajo, desde las clases inferiores, la parte “más sana de la sociedad”. Se trata de una revolución sin sangre. Pero a pesar de este entusiasmo es consciente de que la nación no podía arrancar sus cadenas de la tiranía de un día para otro, por los malos hábitos y costumbres introducidos entre el pueblo.
Finalmente Antonio Alcalá Galiano escribe una reflexión titulada Índole de la Revolución en España en 1808 (1838), en la que matiza su entusiasmo juvenil durante la Guerra de la Independencia. Es su intención explicar la incertidumbre que vive España en el fragor de la primera Guerra carlista a partir de la historia de 1808. La guerra contra la ocupación francesa perseguía dos objetivos antagónicos, para unos el retorno de Fernando VII al trono, la independencia de la nación y el mantenimiento del Antiguo Régimen; para otros la liberación de su patria del yugo extranjero y el establecimiento de leyes sabias y justas que pusieran coto a la arbitrariedad mediante una Constitución. En su opinión, la revolución española de 1808 solo se consolidó tras el establecimiento del régimen isabelino a través del moderantismo, cuando el partido moderado llegó al poder y el país se dotó de una nueva Constitución en 1837.
¿Qué importancia ha tenido en la historia el documento Las Cortes a la Nación española, publicado el 19 de Febrero de 1814?
Las Cortes, que no aceptaron el tratado de Valençay (dic. 1813), aprobaron un decreto en el que se establece que no se reconocería al Rey y por tanto no se le prestaría obediencia hasta que en el seno del Congreso Nacional prestase el juramento previsto en el artículo 173 de la Constitución. El Manifiesto titulado Las Cortes a la nación española, en el que se informaba a la opinión pública y al pueblo del retorno del Rey y buscaba su apoyo, se puede considerar como el legado del primer liberalismo español, al verse interrumpido después el proceso político por la vuelta al absolutismo tras el golpe de Estado de mayo de 1814. En dicho Manifiesto aparecen con claridad meridiana las ideas de “revolución” (“los principios que han dado lustre y fama eterna á nuestra célebre revolución”); la defensa de la libertad de imprenta, como” el mejor preservativo contra las demasías de los propios y la ambición de los extraños”; las Cortes como depositarias de los derechos de la nación y la Constitución como fundamento del nuevo concepto político de “patria” verdadera.
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