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Universidad de Huelva19/03/2010
Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid. Es un reconocido especialista en la historia de la prensa española, especialmente en sus aspectos metodológicos. Ha publicado, por ejemplo: La prensa vallisoletana en el siglo XIX (1977), Historia y opinión pública (2001), Del periodismo a la sociedad de la información (2002).
Ha mencionado que la Generación de 1808 o Generación Liberal, aunque con el objetivo común de expulsar a las tropas napoleónicas de España, perseguía diferentes metas y además encontradas: Liberalismo/Legitimismo. ¿Realmente estas diferentes ideologías dividían la España de aquellos días?.
La dividían profundamente. Es el arranque de las denominadas “dos Españas”. Los que comulgaban con el legitimismo (Antiguo Régimen), entendían que la división tripartita de la Sociedad Estamental (Nobleza, Clero y Pueblo) era de origen divino (Providencialismo); o sea, perfecta, lo que implicaba que ir contra esa organización (Absolutismo/Integrismo) era no sólo un dislate político, sino también un pecado mortal: Heterodoxia social e ideológica.
Por el contrario, los afectos a las nuevas propuestas de organización social (Liberalismo), parten de la soberanía total del individuo (ciudadano) como base de toda organización socio-política. Ya no estamos ante súbditos pasivos sino ante ciudadanos activos y autosuficientes en los planos social, económico, político, cultural, etc. Es el punto de partida de nuestra actual organización social.
Estos dos modelos ideológico-sociales, precisamente por proponer dos tipos radicalmente distintos de organización tenían a la fuerza que chocar. Eran sustancialmente incompatibles: el legitimismo mira al pasado (tradición), mientras que el liberalismo propone todo lo contrario: es una apuesta realmente rompedora (revolucionaria).
Las vías intermedias (reformadoras), o evolución atemperada, en situaciones maniqueas -dialéctica de dos contrarios totalmente opuestos- nunca consiguen salir adelante. Los radicalismos terminan siempre por ahogar, en estas ocasiones, propuestas más o menos moderadas (intermedias).
A partir de estos comienzos del siglo XIX esas dos Españas han estado enfrentadas y en no pocos casos –por desgracia excesivos- llegan a las manos: Guerras civiles (Carlistas, la de 1936, etc.)
En su ponencia la Generación de 1808 ante la revolución: la experiencia popular, va a hablarnos del papel que jugaron durante aquellos años los diferentes estamentos sociales. ¿Destacaría como más importante la labor de algún grupo social frente al resto? ¿Por qué?.
Dentro del pueblo, no debemos idealizar a todo el conjunto. Es cuantitativamente la mayoría, pero con mucho. Viven dispersos fundamentalmente en el campo. Sus conocimientos son mínimos, en absoluto críticos. Llevaban siglos en que el único discurso era la sumisión y la entrega a verdades reveladas. En gran medida es una masas amorfa, pero…
Esa gran masa será movilizada, aunque no sepan muy bien en qué dirección ir y a quién seguir, fundamentalmente por dos factores de signo bien distinto: La llegada de una inmensa cantidad de bocas que alimentar –incluidos los caballos que presentan incluso más problemas que los hombres- No son solo los soldados franceses (200/250.000), también al ejército español, inglés (80.000), portugués, sin olvidarnos de los Guerrilleros. Todos necesitan ser alimentados. Vivir sobre el terreno. Y, además, con exigencias “chulescas”.
No es sólo la alimentación, también arrasan con maderas (deforestación), obras de arte y otros excesos variados propios de la soldadesca y en época en que todo vale (Guerra total) para acabar con el enemigo. Todo esto provoca que el pacifico campesinado, pase inmediatamente a la defensiva. Se moviliza. Y una pequeña parte toma las armas y se lanza a hacer la guerra por su cuenta (Guerrilleros). No hay autoridad que les mande.
El otro factor de movilización del pueblo (campesinado) es la Iglesia. La Iglesia domina la palabra. Su palabra es considerada sagrada. Napoleón es el Anti-Cristo. Lucha contra los incrédulos franceses es una obligación de todo “patriota”. Los otros –afrancesados- son anti-patriotas por sumarse además a los “traidores” invasores.
Así, lo que en principio podía pensarse que se podía reducir a una guerra de clásica de cambio de monarca y/o de monarquía se transforma en algo mucho más profundo. Recuérdese que a comienzos del XVIII los Borbones desplazan a los Austrias de la corona española. Mucho más profundo, porque Napoleón, que se dice heredero de la Revolución (Liberalismo) lo que supone es un cambio profundo (esencial) de la organización de las sociedades.
Yo sostengo que esta propuesta de cambio es la más radical que hasta el presente ha conocido la humanidad. Hay que ponerse en la mentalidad de esa Generación de 1808, que de la noche a la mañana (Quinquenio) se la invita a dar el salto de la “sagrada” y tradicional Sociedad Estamental a otra, que le susurran que es engendro de Satanás, de ciudadanos y libres. Para la mentalidad de época supuso un salto tan brutal.
A la postre, sin idealizar al pueblo, su participación y partiendo que la gran mayoría de ellos en absoluto eran conscientes de lo que estaba en juego, sí que su participación -en sentido positivo, pero también negativo- fue decisivo. Esa “participación” (implicación) del pueblo es lo que en definitiva está en la base de lo que en adelante, con toda propiedad, podemos denominar Nación española.
¿Podría trasladarnos a que se debió la facilidad para que la monarquía claudicara, ese vacío total de poder con el que se encontraron los franceses?
El estamento de notables, es decir, los encargados de gobernar y defender al conjunto social , desde la Corte hasta el Ejército, juega un papel lamentable. Dejan a la nación en manos extrañas. Son incapaces de reaccionar. Claudican.
Por lo que se refiere a la Monarquía, tanto da que sea Carlos IV como Fernando VII, son figuras patéticas entregadas a Napoleón. En este sentido, José I desempeña un papel mucho más digno.
Sin embargo, Fernando VII, que representaba una vuelta al pasado (al legitimismo más reaccionario) terminará por ser considerado como el “Deseado”. Sin duda un gran triunfo propagandístico de sus panegiristas. Supone la vuelta de absolutismo más retrógrado.
¿Podría introducirnos brevemente que papel jugó la Iglesia Católica en los acontecimientos de la Guerra de la Independencia?.
El papel del clero es decisivo. Es el mejor organizado, disciplinado (jerarquizado), preparado intelectualmente y, en no pocos caso, dispuesto a todo: incluso a coger el trabuco. La denominada Guerra de Independencia (expulsión de las tropas napoleónicas) y la lenta encarnación del Liberalismo en la Sociedad no se puede entender sin el papel de la Iglesia.
Según hemos leído en su preacta usted menciona las infinitas formas de oponerse y luchar del “pueblo” debido a las características peculiares de cada región. ¿Podría adelantarnos algunas de estas formas de oposición que llevó a cabo el “pueblo”?
Hace años (1989) definí la participación del pueblo español en la guerra contra los franceses como “guerra total”. Y, en una guerra total, cada uno lucha con las armas que tiene. Los guerrilleros, más o menos, sabemos cómo actuaban: su papel fundamental es incordiar de tal forma que gran parte del Ejército francés en vez de poder luchar tiene que desempeñar papel de “policía”: controlar caminos y pueblos.
Pero hay toda una variedad amplísima de formas inusitadas, y algunas hasta llenas de ingenio, para “luchar” -hacer la vida difícil y hasta imposible- a los “traidores” invasores. Yo he podido constar, por ejemplo y como forma “especial de lucha”, la existencia durante la Guerra de independencia de la “primera” Mata-Hari: utilizaba la cama para conseguir información y pasársela a los “patriotas” (Guerrilleros). Padres/hermanos que rajan (literalmente) a oficiales/soldados que se sobrepasan. Verdugos, enterradores (barruntas) que se largan. “Voces vagas”, entre ellos el gremio de los ciegos (muy activos), que propalan aquello que les interesa y/o les es más rentable (no todo es altruismo), pero que se convierte en una propaganda/ contraproganda tremendamente eficaz.
El posible catálogo de las distintas “formas de luchar” es muy amplio variadísimo (hasta pintoresco en casos) y que depende fundamentalmente de dos cosas: del valor y/o recompensa esperada de la persona en cuestión y de los medios al alcance de cada cual.
Muy pocos pudieron mantenerse al margen de esa vorágine, provocada por la Guerra (Independencia) y Revolución (Liberal), que se extiende por toda España a comienzos del XIX.
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