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Entrevista a Ángel García López

16/11/2010

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"Protegida pudorosamente y casi oculta tras la cobertura de su maestría formal, la escritura de Ángel García López ha atravesado buena parte de las estancias posibles de la poesía: de la elegía al lamento existencial, de la levedad popularista a la espesura simbólica, del poema amoroso a la sátira moral. Versatilidad en tonos y en temas, gracia, riqueza lingüística y dominio de los ritmos."

 

Usted pertenece a la Generación de los 60, una generación poco reconocida y que ha permanecido a la sombra de la famosa Generación de los 50 y de los Novísimos promocionados por José María Castellet. ¿Qué opina usted al respecto?

 

En principio el objetivo es la ocurrencia del señor Castellet que obedeció única y exclusivamente a una operación mercantil o una operación publicitaria que fue sacarse de la manga a nueve poetas novísimos de los cuales no había más que cuatro que de verdad fuesen poetas.

Además no caracterizaban el rompimiento que él quiso significar, puesto que en realidad entre la Generación de los 50 y los Novísimos no se producía un corte, sino que había una continuidad de escritores a los cuales ellos negaron, por una cuestión de celos, pienso yo, por una cuestión de no dejar que le robasen esas glorias inmerecidas que les proporcionaba José María Castellet.

Se aferraron pues a la negación de la promoción de los 60, una promoción cumplida de nombres de poetas, que cuenta con 8, 10 o 15 poetas muy significados, que entre ellos suman varios premios de la literatura y bastantes premios de la crítica, poetas que tienen 20 o 25 libros publicados, que figuran en antologías, que han sido objeto de tesis, etc... 

Así que la promoción de los 60 se ve un poco ocultada, y como dijo un catedrático importante "es como un corcho entre dos maderas". Por un lado dicen que es de aquí, otros que es de allí, y el corcho sigue flotando sin situarse en ningún extremo.

 

La Generación de los 60 ha sido conocida como la “Generación del lenguaje” ya que existe el gusto por jugar con las palabras, elaborando poemas trabajados, incluso barrocos por su estilo. Siendo este un distintivo de su poesía frente a otros poetas,  ¿cómo construye sus poemas?

 

A León Felipe le preguntaron una vez «¿qué es la poesía?», y dijo «yo no sé que es la poesía, solo sé el camino para llegar a ella».

¿Cómo construir un poema? Un poema se construye solo. Es algo que se va elaborando de forma silenciosa. Es un instante que emociona al poeta, que se lo queda guardado, como decía San Juan de la Cruz, en la interior de la bodega, luego pasa el tiempo, y en una situación similar,  surge el poema. Yo creo que se elabora solo.

 

A sus 75 años y con más de 20 libros publicados, ¿cual de sus obras destacaría como fundamental para conocer su obra y porqué?

 

En mi obra yo distinguiría unos libros mayores y otros de intención más lúdica diría yo. 

Hay una parcela de mi obra que está dedicada a la contemplación de la infancia, no solo la mía, sino también la de mis hijos, es poesía lúdica muy infantil, y no para niños, sino sobre niños.

Y después otros libros de una entidad mucho más sesuda como pudieran ser, Mester Andalusí, Medio Siglo, Cien Años, Trasmundo, Los Ojos en las Ramas u Ópera Bufa. 

Una poesía lúdica y otra poesía mucha más seria, mucho más definitiva.

 

En su poemario Ópera Bufa, usted manifiesta una crítica hacia el panorama literario, ¿podría contarnos cual es su perspectiva actual de esa realidad?

 

No todo el monte es orégano, ni es oro todo lo que reluce. 

El panorama español siempre ha sido muy rico, porque gracias a dios la llama sigue ardiendo. No me considero un crítico, como para decir si las nuevas tendencias han acertado  o no. El tiempo lo dirá. 

Yo de todas maneras soy un poco reacio a muchas de las cosas que se escriben hoy, hay mucho gato por liebre, mucho engaño. Creerse el poeta que todo lo que dice está asignado por la mano de Dios, es imposible, porque el verso siempre es un proceso, una interacción, y exige esfuerzo y cansancio, y muchas veces se deja la página en blanco, porque esos versos que aparecieron son inútiles, no sirven para nada, hay que tirarlos a la papelera. 

Sin embargo, todo aquel que se crea que aquello que escribe está asignado por los dioses, está cometiendo una tropelía, se está convirtiendo en una máquina de trabar, en algo que no sirve para nada.

 

Universo Sonámbulo fue su último libro, ¿cuando volveremos a ver algo nuevo de Ángel García López?

 

Lo escribí en 2004, y desde 2004 a 2010, concretamente desde 2009, he ido elaborando otro libro al que llamo Postdata. 

¿Por qué ese título?. Porque ya que se han publicado mis obras completas, este será un añadido, como un post scriptum que seguirá a ese libro.

Así como Ópera Bufa era el divertimento de poner en solfa una serie de tipos y de arquetipos, de reírme de situaciones, de anomalías, en este caso hablamos de un libro total y absolutamente serio, aunque en la misma línea, donde se llama a las cosas por su nombre, que descubrirá al que está tapado detrás de un biombo, y que pondrá en claro muchas cosas de la poesía española. 

Naturalmente me va a costar muchas amistades, pero no me importa. Va a ser un bonito final de escritura.

 

Usted ha recibido numerosos premios que valoran toda una vida dedicada a la escritura, entre ellos el Premio Nacional de Literatura o el Premio Nacional de la Crítica, pero ¿cual de ellos ha tenido mayor significado para usted?

 

Llamándome García y López, que son apellidos verdaderamente populares, de dominio público, ya en mis principios fui a algunas editoriales donde no se me aceptó un libro en razón de mi apellido. Recuerdo a un crítico que me dijo: -este libro es magnífico, ahora mismo lo publico, pero tienes que cambiarte los apellidos y buscarte un seudónimo-. Esto me ofendió muchísimo. Yo le dije: -mira, muchacho, este García es el apellido de mi padre, y este López, el de mi madre. No voy a cambiar el apellido de mi padre y de mi madre por llamarme Luis Antonio Villena o Antonio García Sor.

Yo nunca me lo había planteado, ya que desde el primer verso que escribí, al publicar siempre aparecieron mis vulgares apellidos. Y entonces tuve que ir a un concurso, donde aparecía una plica con un seudónimo que no era el nombre, y así tuve la oportunidad de ganar varios premios. De esta forma pude ir asomando la cabeza.

Luego ya, cuando mi nombre adquirió un poco de relevancia, ya no tenía que ocultarme debajo de una “plica” para decir quien era el autor de ese libro. 

Estos premios son los más importantes para mi, concretamente los premios que ponen a un joven en situación de ser conocido. Luego el premio Nacional de Literatura que fue la consagración. Y el premio de la Crítica que significó refrendar ya definitivamente que un poeta tiene un nombre. 

Además a esos se han sumado otros premios importantes como el Premio Nacional de las Letras Teresa de Ávila,  que reconoce toda mi trayectoria poética, y que me otorgaron hace poco. 

Ahora no persigo ningún premio, solamente espero merecerme el estar en la cola del Premio Príncipe de Asturias, al cual he sido nominado tres veces, o a cualquier otro, que premie una trayectoria, porque con 75 años sería ridículo competir con jóvenes de 20.

 


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