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Universidad de Huelva10/07/2010
Las nuevas reglas comerciales y su relación con las independencias americanas
La conferencia de Antonio Gutiérrez Escudero, doctor en Geografía e Historia y especialista en Historia de América, abrió la segunda jornada del seminario de la Semana Constitucional titulado ‘El comercio y la actividad mercantil en Cádiz durante la Guerra de la Independencia’. El también investigador de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (Sevilla) del CSIC inició su intervención planteando a los presentes un interrogante sobre cuáles fueron las causas que provocaron en muy breve espacio de tiempo el desmoronamiento del Imperio español.
Un Imperio, recordó el científico, que en 1808, cuando España se encontraba asediada por el ejército napoleónico y comenzaba la Guerra de la Independencia, se extendía desde California al Cabo de Hornos, pero que en sólo 15 años se vio reducido a Cuba y Puerto Rico, a parte de las Filipinas, en Oriente.
“Parece claro que tan impresionante cataclismo sólo pudo deberse a que bajo una aparente normalidad, a lo largo de todo el Imperio subyacían una serie de problemas y tensiones no bien resueltas que acabaron estallando cuando las circunstancias fueron las adecuadas”, declaró Gutiérrez Escudero. De este modo, consideró como desencadenante el hecho de que las relaciones entre los criollos y los españoles peninsulares eran cada vez más tirantes. Una situación alimentada, explicó, por varios factores: el gobierno central concedía a los ciudadanos peninsulares cargos políticos más significativos en detrimento de los criollos, la situación de los indígenas y las llamadas ‘castas’ era lamentable y la metrópoli sólo parecía interesada en buscar el incremento de la recaudación procedente de América con vistas a reforzar la política imperial de la corona.
A continuación el historiador se centró en el factor económico y el papel del comercio en el periodo previo al inicio del desarrollo de los movimientos independentistas. Con la entronización de los Borbones en España se produce, argumentó, un cambio decisivo en el sistema político y económico de la monarquía hispana. Desde el primer momento se van implantando una serie de reformas cuyo objetivo principal era devolver a España el prestigio de gran potencia perdido durante la centuria anterior y situarla a la altura del resto de naciones europeas con dominios coloniales. Para llevar a cabo estos planes se dependía tanto de los caudales procedentes de ultramar (monedas, oro, plata, etc.) como de los productos y materias primas americanas (algodón, cacao, azúcar, tabaco, etc.) y por eso desde el gobierno central se arbitraron distintas medidas encaminadas a la recuperación del comercio con América. Cuando ese tráfico atlántico se veía interrumpido o suspendido a causa de los enfrentamientos bélicos las repercusiones sobre la economía peninsular eran evidentes.
Como consecuencia no extraña, prosiguió Gutiérrez Escudero, que se llevara a cabo la regulación y estanco de diversas rentas (tabaco, pólvora, lotería, etc.), que se abordara la reglamentación del comercio marítimo, se tratara de acabar con el perjudicial contrabando y, sobre todo, que se acentuara la presión fiscal. De algún modo este conjunto de hechos, concluyó, contribuyeron a que fueran aflorando los deseos de independencia contenidos hasta entonces. Para apoyar su disertación el investigador del CSIC mostró una serie de testimonios escritos sobre las cuestiones señaladas.
La revolución liberal también llegó al comercio. Así lo explicó el segundo ponente de la jornada, Juan Luis Pulido Bejines, que señaló que pasó de ser una actividad limitada, propia de una clase y organizada conforme a una sociedad de carácter estamental, a la aparición del derecho al comercio que podía ejercer todo ciudadano. La actividad se dispara, aún más, con la superación del monopolio del comercio con las Indias.
Ya no era una cuestión de una clase o unas personas, incidió el catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Cádiz, si no de cualquier persona. No sólo por la actividad en sí, si no porque mecanismos antes sólo propios de los comerciantes se generalizan como instrumentos ya no puramente mercantiles. Puso como ejemplo el profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales el empleo normalizado de la letra de cambio.
Una vez ubicado el marco general, el ponente se centró en el papel relevante de Cádiz en el proceso de gestación de ese ‘derecho al comercio’. Lo fue, prosiguió, por el papel de la sociedad y por ser puerto y vía comercial.
Muestra de ello son tres hechos importantes que se produjeron en la ciudad: la reforma de la ordenanza general de consulados (una misma para todos), el impulso de un proyecto de un código de comercio y el establecimiento en Cádiz de enseñanzas mercantiles regladas. Pulido se detuvo en este punto para señalar que aquellos estudios mercantiles fueron los precursores de la posterior escuela de Empresariales.
Un hilo argumental que trazó el ponente empleando documentos históricos y utilizando el nombre de personajes de la época; aquellos que redactaron esos códigos de comercio y que también fueron profesores de la escuela mercantil.
Con esta conferencia titulada ‘La legislación mercantil en el tránsito del siglo XVIII al XIX’, se cerró la penúltima jornada de este seminario de los Cursos de Verano de la UCA que tiene por objetivo definir un esquema de los efectos que los procesos independentistas iberoamericanos y la Guerra de la Independencia tuvieron en el comercio entre la península y las colonias.
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