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Jean Andreu sobre Cortázar, en las Presencias Literarias de la UCA

02/12/2014

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Jean Andreu: “Rayuela es un gesto por parte de Cortázar más de rebelión que de revolución”

 

La figura alargada de Julio Cortázar acompañó a los asistentes de una Presencia Literaria muy especial: la celebrada el miércoles 26 de noviembre de 2014 para conmemorar el centenario de su nacimiento. Esta nueva entrega del ciclo de letras más asentado de la provincia gaditana formó parte a su vez de las jornadas de homenaje organizadas por la profesora Nieves Vázquez Recio, Sin ceremonias, vividas durante dos días en la Facultad de Filosofía y Letras. Pero fue la sala Argüelles del Edificio Constitución 1812 la que abrió “las puertas para ir a jugar” con el recuerdo en primera persona de quienes fueron sus amigos: Jean Andreu, profesor de la Universidad de Toulouse, y Claudio Pérez Míguez, uno de los responsables de Del Centro Editores.

 

La propia Nieves Vázquez Recio fue la encargada de presentar e introducir a estos expertos cortazarianos, “platos fuertes de la jornada”, según sus propias palabras. Jean Andreu, “con un currículo muy extenso, fue amigo de Cortázar en presencia a raíz de la relación personal que viene del estudio de su obra”. De Claudio Pérez Míguez, “editor inconformista”, destacó que “haya convertido al Centro de Arte Moderno en un cobijo de la literatura hispanoamericana”. A continuación comenzó “una charla de tipo informal, como una de las muchas que tenemos en los cafés”.

 

Pérez Míguez tomó la palabra para recordar la reciente desaparición de Aurora Bernández, viuda del escritor, fallecida el pasado 8 de noviembre. Y destacó que “Cortázar estaría muy contento por ver el interés que suscita su obra en el mundo. De hecho, la semana pasada estábamos en Jerusalén hablando de sus libros y hoy aquí en Cádiz”.

 

Tras este liminar, empezó a preguntar a Jean Andreu sobre el escritor argentino nacido accidentalmente en Bruselas más importante de todos los tiempos. Los dos hablaron de sus libros, y especialmente de Rayuela, “un gesto por parte de Cortázar más de rebelión que de revolución”, de los cronopios, de su compromiso político, de su mundo parisino, de su lado humano, de su espíritu juguetón, “de su capacidad extraordinaria de lo lúdico”.

 

Andreu recordó que Cortázar era “una esponja porque captaba todo lo que había alrededor”. “Él pensaba –continuó- que había escrito uno de los mejores cuentos de la literatura es español. Pero nunca me dijo cuál era ese cuento”. Risas por parte del público, que disfrutó mucho. Cortázar “no era muy demostrativo, pero era muy atento. Su habitación, su escritorio, estaba siempre muy ordenado, lo que dice bastante de su personalidad. Y tenía horror de las erratas cuando le imprimían un texto. Estaba obsesionado con las erratas”.

 

Julio Cortázar sonreiría mientras escuchaba hablar a sus amigos, a sus lectores, a los “hermanos del destino”, como en el verso de Salvo el crepúsculo. Y mientras jugaba con la lluvia.

 

DANIEL HEREDIA

 


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