Atalaya logo

las universidades andaluzas 10 en cultura


área de usuarios

Datos de Usuario

¿no recuerdas tu contraseña? Haz click aquí

 

¿eres nuevo?

date de alta aquí

quien busca encuentra...

Buscador




Logo de la universidad de Huelva Universidad de Huelva

J & Florent en Campus Rock Cádiz: La paz sea con todos vosotros.

11/04/2011

click para ampliar

¿Se imaginan un estado ideal donde las instituciones funcionaran con fluidez, donde sus habitantes, seguros de su buena administración, no tuvieran reparos en pagar todos los impuestos necesarios para contribuir al bienestar general? ¿Una ciudadanía en estado de gratitud permanente con su administración? ¿Eh? No es frecuente esto. Y tampoco parece probable en los tiempos que corren. Lo preguntaba porque igualmente extraño es encontrarse con una persona en paz consigo misma; hacerlo proporciona, en el plano humano, la misma sensación que al ciudadano con derechos un proceso administrativo desarrollado sin sobresaltos.

 

Si hablamos de disfrutar de un músico en paz con su conciencia, entonces sí que podemos volvernos locos para encontrar alguno. No es raro dar con artistas en estado de gracia con mayor o menor asiduidad, pero ¿cuántas veces no tenemos que soportar una tensión implícita al enfrentarnos al directo de cualquier grupillo del tres al cuarto? Una tensión ocasionada por las ganas de, en el mejor de los casos, demostrar, trascender, de manifestar que su grupo es el mejor; a veces, según los años y el número de cuentas pendientes, con un puntito de resentimiento. Y cuando esa tensión no existe lo que suele sustituirla es la complacencia en la mediocridad, en el “amateurismo”, y la constante búsqueda de la complicidad con un público no sólo comprensivo sino fomentador de la no-actitud. La ecológica y auditivamente insostenible cantidad de grupos que frecuentan el (presunto) segmento alternativo de nuestro país es altamente proclive a estas conductas, pero bueno, hay que sobrevivir y todos tratamos de pasarlas por alto.

 

Ah, la autenticidad, esa virtud a la que se llega sin querer, siempre como consecuencia o como cualidad innata, nunca a través de estrategias ni programas de actuación.

 

El jueves 7 de abril en el Edificio Constitución 1812 (antiguo Cuartel de la Bomba) de Cádiz se comprendieron muchas cosas. Por qué en los últimos años los conciertos de Los Planetas habían sufrido tantos altibajos, por ejemplo. Antes de “La Leyenda del Espacio” la banda cumplía, muchas veces desmintiendo la leyenda negra que perseguía a sus actuaciones, pero si hablábamos de entrega, de ganas, defender al quinteto resultaba quimérico. Tras la ruptura proporcionada por esa obra mayor, es decir, a partir de 2007, el directo de la banda granadina alcanzó cotas de excelencia nunca antes conocidas, gracias, entre otras cosas, al estelar papel de Eric en la batería.

 

Algo pareció volver a cambiar, sin embargo, con el lanzamiento de “Una Ópera Egipcia”. Inmerso ya en un camino sin retorno, el grupo compareció a lo largo de 2010 con un punto de pereza. Era evidente que no les apetecía tocar ni “Un buen día”, ni “Qué puedo hacer”, ni tampoco “Pesadilla en el parque de atracciones”. Que el público lo comprendiera era (es) otra cosa, y a fin de cuentas un artista se debe a su público. Aún así, J, Florent y compañía apostaron por un repertorio arriesgado y valiente, cuya ejecución se veía mediatizada –ahora se ve claro- por la inseguridad que ocasionaba la fría respuesta de un auditorio sólo excitado ante la posibilidad de una isla con nombre de hit que no se divisaba hasta unos bises interpretados con palmaria desidia. 

 

Y es que si algo quedó acreditado el jueves por la noche en Cádiz fue la imponente dimensión del fondo de armario de Los Planetas. Con una carrera que, a lo tonto a lo tonto, ya alcanza casi los veinte años, ocho discos de estudio más uno de rarezas, sucede lo que sucede: que hay una generación completa que ha crecido con este grupo, con su mundo, con su imaginario. Y ese logro no se ha sustentado sobre hits, sino sobre discos completos; algunos de ellos conceptuales, como “Una semana en el motor de un autobús”, de donde se rescató un título como “Línea 1”, una auténtica anomalía en un directo habitual de Los Planetas. Otros merecidos retornos estuvieron conformados por “David y Claudia”, ésta con J a la acústica, o un tema nunca del todo valorado (demuestra que Los Planetas manejan unos registros inabarcables) como “Deberes y privilegios”, habitual en la gira de 2007, pero destinado a desaparecer de los directos.

 

Sí, J ha ordenado por fin su vida. Dicen que ahora se levanta con el sol, que desayuna sano y que su pasatiempo favorito es comprobar la evolución de sus árboles frutales y su huerto. Sin deudas con el mundo, comparece con la habitual camisa de cuadros, pero esta vez es más clásica y está perfectamente planchada. Despojado, igualmente, de la habitual maraña sónica que acompaña los directos del grupo, llevará a cabo, atención, una verdadera demostración de cualidades vocales durante todo el concierto. Y, sí, también de vocalización. Marcará los ritmos graves con las cuerdas gruesas de una Telecaster que no abandonará más que en los bises, mientras Florent, como es habitual se ocupará de las líneas melódicas de acompañamiento en los trastes estrechos del mástil, y Julián demostrará su versatilidad al teclado gracias a su feliz incorporación de última hora.

 

No hay concesiones. Es la hora de los actores de reparto (“Nunca me entero de nada”);  de comprobar empíricamente que “San Juan de la Cruz” siempre fue mucho más que un puñado de efectos. También, todo hay que decirlo, el momento en que algunas de las coplas –con perdón- de los dos últimos discos pierden su razón de ser dentro de tan cristalino formato. Aunque no todas: “Soy un pobre granaíno” permitirá saborear su gusto de colombiana justo en Cádiz, la puerta de entrada de los cantes de ida y vuelta.

 

No suena ninguno de los trallazos antes mencionados. Tampoco la muy reclamada “Santos que yo te pinté”. El trío no para de sonreírse. La satisfacción que emiten sus componentes es tan mayúscula que da pudor transmitirles peticiones. Sobre todo, si son capaces de llevar a su terreno, incluso cuando como hoy han prescindido de los habituales recursos atmosféricos, un clásico como “Volando voy”, del admirado Kiko Veneno. Sí, cierto; concederán “Un buen día” en un segundo bis. No estaba previsto, pero cuando (¿recuerdan?) se está en paz con el mundo, ¿por qué no, hombre? Vamos a echarlo, que el público es soberano al fin y al cabo.

 

Isaac Lobatón


Aviso legal | coordinado por la Universidad de Cadiz y Unia